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Shakespeare y la Biblia

Por Álbert Montiel

Las referencias bíblicas en la obra de Shakespeare son muy numerosas, volúmenes completos han sido dedicados al hercúleo trabajo de enunciarlas todas, acaso sin éxito, la eminente sutileza del bardo hace de la empresa versátil a la carencia, pero resulta el esfuerzo en todo caso deleitable, Shakespeare es sinónimo de literatura universal y la Biblia en su traducción inglesa del siglo XVII es considerada una de las obras más influyentes en dicha lengua, pero ¿se lo debe acaso uno de ellos al otro?

Hay más que solo versos bíblicos en la obra de Shakespeare, los libros históricos deuteronomistas (Josué, Jueces, 1-2 Samuel y 1-2 Reyes), cuyo tema principal es la monarquía mantienen una continuidad prácticamente cronológica (inusual en los heterogéneos textos bíblicos) en la que nos brindan, en el pináculo del arte narrativo bíblico, una espléndida exploración de la condición humana. Esto admite su plausible comparación con la obra del bardo, permítaseme enunciar algunos ejemplos.

La locura del primerizo rey Saúl (1 Samuel 13) evoluciona acorde a la amenaza que representa el joven David a su trono, la decisión de la transición real es divina (y por lo tanto, inevitable), el destino trágico de Saúl será entonces su suicidio en combate (sus palabras finales resonaran luego en latín)[*] y el de David su ungimiento como nuevo rey de Israel, estas vicisitudes en el poder monárquico son tema principal en muchos dramas históricos de Shakespeare.

En El rey Lear la crueldad y eventual levantamiento de las hijas del rey homónimo representan una revisión más pomposa pero no menos dramática de lo acontecido a un ya maduro rey David, que terminaría huyendo por miedo a la revuelta de su hijo Absalón (2 Samuel 15) al igual que Lear a la de sus hijas. Ambos reyes comparten asimismo la ineludible tragedia: David llora terriblemente la muerte de Absalón y Lear la de su hija Cordelia. La ira y lamentos de Job (Job 3) resuenan también en la voz del trágico rey.

2 Reyes 8:7 comprende una coincidencia harto más impresionante, Eliseo, profeta de Dios, es consultado por Jazael (un vasallo del rey de Siria) para saber si sobrevivirá su rey a la enfermedad que lo acoge, la respuesta del profeta es que el rey morirá sin remedio. Luego de una pausa seguida de llanto el profeta revela las crueldades que acometerá Jazael contra los hijos de Israel; este, sorprendido, pregunta cómo puede él acometer actos tan grandes siendo un simple vasallo, Eliseo responde: «Me ha mostrado el Señor una visión en la que tú eres el rey de Siria». Finalmente el vasallo vuelve con su rey, al que asesina y sucede en el trono. Al revelar el futuro el profeta incita la ambición de Jazael, justo como las brujas lo hicieran con el protagonista de Macbeth, obteniendo el mismo desenlace.

Shakespeare es quizá inconcebible sin las Escrituras, y sin él, la literatura occidental. La teología (cuyo estudio no precisa la fe) resulta entonces fundamental en nuestra cultura. Jorge Luis Borges dijo que quizá la literatura universal sea una serie de variaciones de los mismos temas esenciales. La afirmación parece verosímil. El arte y la Palabra Escrita son como el viento, que «sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de donde viene ni adónde va» (Juan 3:8).

1 de septiembre de 2020


[*] «Desenvaina la espada y atraviésame con ella, no sea que vengan esos incircuncisos y hagan escarnio de mí» (1 Samuel 31:4). Marco Bruto y Marco Antonio de las tragedias Shakesperianas Julio Cesar y Antonio y Cleopatra respectivamente, también pedirían la muerte a manos de sus escuderos, al negarse estos, terminarían igual que Saúl echándose ellos mismos sobre su espada. El hecho es histórico según las Vidas paralelas de Plutarco, fuente de Shakespeare para las obras. <<