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Los «Cuentos grotescos», de José Rafael Pocaterra

Por Álbert Montiel

El cuento de hadas es un genero literario subestimado, esto se debe a su fama de simples narrativas para niños, llenas de magia, inocentes personajes y lecciones morales. Menos incierto es que en estas fábulas la magia no existe para engañar, sino para hacer comprender lo ordinario mediante lo extraordinario, y que sus protagonistas, personajes con frecuencia ínfimos o desgraciados, se transforman en héroes que derrotan a monstruos, o análogamente, a injusticias de algún tipo. Hans Christian Andersen revitalizó el género a mitades del siglo XIX: convirtió a sus protagonistas en victimas absolutas de lo siniestro y alabó el sufrimiento de estos antes que su heroísmo. Esta nuevo modelo narrativo recibió el beneplácito de audiencias tanto jóvenes como maduras. Oscar Wilde —adepto de Andersen— también jugó con el cuento de hadas: El gigante egoísta, El príncipe feliz, El ruiseñor y la rosa, y El cumpleaños de la infanta son algunos ejemplos de narraciones donde la dicha es imposible.

José Rafael Pocaterra fue un hombre que indudablemente sufrió mucho. Antes de publicar en 1922 el primer tomo de los Cuentos grotescos ya contaba con tres años de cárcel, torturas, y soledad. Esta deshonra voluntaria le permitió conocer lo cruel y monstruoso que antagoniza a los héroes de los cuentos de hadas o, como lo llamó Oscar Wilde, «el otro lado del jardín». Su aborrecimiento a la tiranía, la injusticia, y la fuerza bruta pudieron ser el motor de sus ficciones y estas sus esperanzas de redención y libertad.

No creo absurdo llamar cuentos de hadas a los Cuentos grotescos, en ambos se contrasta lo bello y placentero del ideal romántico con lo monstruoso y lamentable (esta hipótesis es demostrada por cuentos como Bastón puño de oro y Las Linares). Si bien la magia está ausente en las fábulas de Pocaterra, quizá sea esta solo un artificio literario para facilitar las narraciones; no en balde los hermanos Grimm declararon que la simplicidad, la naturalidad, y la espontaneidad son los elementos esenciales de los cuentos de hadas.

En el primero de los Cuentos grotescos Panchito Mandefuá no solo cenó con el niño Jesús, sino también con la niña de los fósforos del cuento homónimo de Andersen. Las frutas más altas es una representación más realista de El cumpleaños de la infanta de Wilde. Mefistófeles y Los pequeños monstruos “Él” pudieron ser pesadillas de Edgar Allan Poe. Otro elemento destacable de los cuentos de hadas es su poder visual, lo que los ha llevado frecuentemente al cinematógrafo; sospecho que La Llave no posee menos encanto que una comedia de Billy Wilder, Pascua de resurrección precede a films como Al azar de Baltasar y Diario de un cura rural de Robert Bresson, y que Una mujer fría no es menos insólito ni crítico que los films de Luis Buñuel.

En total los Cuentos grotescos son 44, su ambiente alterna constantemente entre lo rural y urbano, por lo que no fatigan jamás al lector. Son una pieza clave dentro de la ficción venezolana.

14 de abril de 2021